Las mujeres de Sandro

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Las mujeres de Sandro

09.01.2010

“En qué ha de concluir el drama singular que existe entre los dos, tratando simular tan solo una amistad, mientras en realidad se agita la pasión que muerde el corazón y que obliga a callar: ´Yo te amo, yo te amo´”. ¿Cómo poder resistirse ante esas palabras?

Con voz trémula y romanticismo a flor de piel, el nombre de Sandro siempre estuvo ligado a un infinitivo: seducir. No es casual, entonces, que sus incondicionales fans sean en su mayoría mujeres (las ya famosas “nenas”), todas ellas tendientes a sucumbir ante una palabra, una canción o una mera aparición del eterno ídolo fallecido el lunes último.

Más allá de su fuerte base de admiradoras, en su vida privada Sandro también era el seductor que se veía arriba del escenario, aunque menos ostentoso y más receloso de sus vínculos amorosos.

Recientemente, en el programa homenaje de Almorzando con Mirtha Legrand, la diva de los mediodías recalcó la sobriedad con la que él manejaba sus cuestiones extra-profesionales. “Su vida privada realmente era privada”, señaló la conductora.

Sin embargo, aunque el hermetismo se mantuvo constante, las relaciones del Gitano, las duraderas y las efímeras, lograron salir a la luz, con más y menos detalles y, según algunos, su lista de conquistas sería interminable.

Los grandes amores

Una de las mujeres que más impacto tuvo en la vida de Sandro fue Julia Adela Visciani, con quien entabló una relación desde 1969 hasta 1982. De hecho, los rumores de una posible boda surgieron cuando en marzo de 1973 el cantante le envió a Julia unos papeles de casamiento desde México que, de todas maneras, no tenían ninguna validez.

“El problema era que ella estaba separada y en esa época eso no estaba muy bien visto”, afirmó a Graciela Guiñazú, autora de la biografía Sandro, el ídolo que volvió de la muerte.

Luego, en enero de 1982, llegaría una foto y una polémica: el cantante acompañado por María del Pilar García (más conocida como Tita Russ), ex esposa de Alberto Olmedo y una de las pocas mujeres sobre las cuales Sandro solía hablar. “Al lado de Tita conseguí algo difícil: bajarme del escenario y empezar a ser Roberto Sánchez”, había declarado. Sin embargo, a pesar del amor que los unía, la relación solo duró cinco meses.

Por entonces, circulaban versiones acerca de un romance entre Sandro y su colega María Martha Serra Lima, a quien definían como ´la tercera en discordia´ en el vínculo entre Sandro y Tita. “Esto siempre lo enojaba – expresa Guiñazú – porque se consideraba muy amigo de María Martha. Por eso, nunca reconoció una relación con ella”.

Serra Lima, sin embargo, en diversas entrevistas sostiene su versión de una relación de ocho años con el Gitano, y suele autodefinirse como “la amante secreta”.

Lo que sí parece innegable es que el artista le dedicó a María Martha “Cosas de la vida”, canción que interpretaron juntos y cuya letra es por demás sugerente: “Cómo olvidar cuando en una reunión rozamos nuestra piel y el mundo se detuvo. La confusión nos invadió a los dos sin poder descifrar qué estaba sucediendo. Me quedé sin aliento, no podía besarte y en silencio te amé”.

La próxima mujer en la vida de Sandro sería María Elena Fresta, con quien compartió veinte años de conocimiento mutuo, pero cuya relación tuvo una durabilidad difícil de precisar por la naturaleza enigmática de su protagonista. Ella se ocupaba del cuidado de Nina, la madre de Sandro que murió en 1992.

“Él siempre decía que le gustaba salir con una mujer a la vez, que era un tipo fiel y que le atraían las mujeres posibles”, comentó Guiñazú. Por lo tanto, cuando redescubrió a Olga Garaventa – la sobrina y secretaria de su representante, Aldo Aresi – no dudó y puso fin a su relación con Fresta.

“A mis nenas les mando un beso de soltero, porque estoy soltero nuevamente. Con ese beso ellas saben qué tienen que hacer: ponérselo donde quieran, a la hora que quieran”, dijo Sandro cuando anunció su separación de María Elena.

“Un amor de esos que vienen sin aviso” había dicho el cantante de su vínculo con Olga, que hizo público en un homenaje en el Congreso en el 2004 y que selló con una boda en el año 2007, en su casona de Banfield. Olga fue la mujer de quien más habló el Gitano y la que, según Guiñazú, “lo puso lejos de Sandro y cerca del hombre”.

Esta cualidad terrenal de la relación se vio reflejada muy especialmente en los meses previos a la muerte del ídolo, cuando Garaventa se mantuvo a su lado a sol y sombra, acompañándolo en la incansable lucha.

La letra de “Fuego contra fuego” del disco Amor Gitano que le dedicó a su esposa es uno de los testimonios del amor que Sandro sentía por ella y de lo intempestivo que fue desde el comienzo: “Tengo un beso encadenado entre mis labios y la llave de ese beso está en tu boca. Mira mi alma con qué dolor te implora, desencadena esta pasión devoradora”. Romances en el set y otras conquistas

“Desde que Sandro fue Sandro, le adjudicaron romances e hijos en todas partes del mundo”, sentenció Guiñazú, dando cuenta de los distintos mitos que rodeaban al hombre de la rosa.

Entre esas mujeres de las que se habló y se continúa hablando, se encuentran la animadora Vicky Amaya, la fotógrafa Olga Massa y la condesa María Carmille Borgogne Di Parma. “A Sandro no le gustaba mucho hablar del pasado, era muy respetuoso con ese tema”, explicó la biógrafa.

u relación con la Miss Argentina Yoli Scuffi, por ejemplo, no fue confirmada por él, pero sí por la modelo en el programa de Pipo Mancera, donde aseguró que ´Una muchacha y una guitarra´ la había compuesto Sandro especialmente para ella. De hecho, en la tapa del disco homónimo aparecen los dos juntos. Por otro lado, también se le adjudicó un romance con una chica japonesa que conoció en un show, y que mucho tiempo después fue confirmado por él mismo en una de sus presencias en el programa de Susana Giménez.

Las fantasías que rodeaban al Gitano mucho tenían que ver con las duplas cinematográficas que conformó y que siempre generaban especulaciones.

Fue relacionado con la mexicana Irán Eory (con quien trabajó en el film de 1970 Muchacho), Cristina Alberó (Destino de un capricho, 1972), la propia Susana Giménez (Tú me enloqueces, 1976) y Soledad Silveyra.

“Hice dos películas con él, éramos todos muy niños y yo agarré a Sandro en un momento de plenitud. Pensá que cuando filmamos Quiero llenarme de ti, yo tenía 16 años y cuando hicimos Gitano, tenía 17. En aquel momento, para mí él era Gardel”, recordó Solita en su columna.

“Todos esos supuestos romances nunca se pudieron comprobar”, aseguró Guiñazú y agregó: “Roberto era una persona extremadamente reservada y no le gustaba hablar del tema”.

Enigmático, hermético, impenetrable. Así era el Gitano respecto a sus romances, y en eso mucho tuvo que ver el código de barrio que adoptó como filosofía: “El que tiene no muestra y el que ve calla”.

Esta postura caballerosa fue sostenida hasta el final por el artista y Guiñazú recuerda la respuesta del Gitano cuando se le preguntaba por su vida privada: “Yo vendo la piel de Sandro, pero si además vendo la piel de Roberto Sánchez… ¿qué me queda?”.

Fuente: El Informador